Pero llegué abajo. Todo aquel mundo acabó, y sin saber por qué, mis sueños quedaron flotando como nubes en un día de tormenta.
Pasaron los años y esos sueños no murieron. Sin embargo, al intentar expulsarlos de mi cabeza resbalaron entre mis manos incomprensiblemente.
Mas que proyectarlos en mi vida los dejé caer y romperse en mil pedazos, de nada.
Todavía tengo algunos conmigo, pero me niego a soltar las riendas e imaginar de ese mundo idealizado lugares mil, pues olvido donde vivo, donde estoy… Y lo que soy.
PD: Escrito el 6-9-08, ya ha llovido, ya.

